Soy incapaz de despedirme de ti por el simple hecho de tener miedo a no volver a verte nunca más. Las despedidas significan dejar de verte, dejar de olerte, dejar de sentirte, darte
dos besos y esperar a la siguiente vez que nuestras miradas se crucen y
las sonrisas nos cambien la tarde. Odio las despedidas, y también esas
lágrimas que producen, los recuerdos que más tarde nos asaltan, y el
malestar que provocan. Pero la despedida que más odio es la suya, tarde
tras tarde o mañana tras mañana, incluso noche tras noche deseo que
nunca llegue, pero siempre viene. Algún día llegará la definitiva,
aunque no sabemos cuando, son las peores, aquellas que van siendo poco a
poco y poco a poco traen muchas juntas. Dejaremos de besarnos y
abrazarnos, luego de vernos, seguidamente de hablarnos y finalmente de
recordarnos, aunque con más esfuerzo. Jodidas despedidas que siempre arruinan buenos momentos. Y ahora, ¿entiendes por qué no puedo despedirme de ti? Porque eres la
única persona a la que no quiero dejar de besar nunca, la única que
quiero ver despertar entre mis sábanas todas las mañanas, a la única que
me apetece ver sonreír hasta el último segundo de mi vida, pero las despedidas siempre llegan. Ahora, empieza la cuenta atrás.
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