Ella no podía remediarlo: se había enamorado de él desde la
primera vez que vio su foto. Por el brillo de sus ojos, por su forma algo
chulesca de posar, por su postura indolente de seductor. Fuese por lo que
fuese, la primera noche soñó con él y pronto, muy pronto, se convirtió en el
protagonista absoluto de sus sueños. Hacía un tiempo que soñaba con él y, tras
doscientas noches de sueños, había perfeccionado bastante el argumento de sus
fantasías preferidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario