viernes, 11 de mayo de 2012

Ella no podía remediarlo: se había enamorado de él desde la primera vez que vio su foto. Por el brillo de sus ojos, por su forma algo chulesca de posar, por su postura indolente de seductor. Fuese por lo que fuese, la primera noche soñó con él y pronto, muy pronto, se convirtió en el protagonista absoluto de sus sueños. Hacía un tiempo que soñaba con él y, tras doscientas noches de sueños, había perfeccionado bastante el argumento de sus fantasías preferidas.

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